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| TITULACIÓN OFICIAL PARA SER PROFESOR DE ESQUI EN ESPAÑA | |||||||
"Son unos buscavidas", "son unos ligones", "viven como reyes"... como estos, muchos son los tópicos con los que se cataloga al profesor de esquí y, aunque en casos puntuales sea cierto, en la mayoría de las ocasiones estos adjetivos distan mucho de la propia realidad. En este reportaje queremos dar una idea cercana de cómo es esta profesión y la formación que se necesita con la nueva Ley del Deporte, al final se incluye el calendario de las convocatorias. Cualquier profesor suele levantarse a las siete de la mañana, tiempo suficiente para ducharse, vestirse, desayunar y desplazarse hasta el lugar de trabajo, por supuesto una estación de esquí. Si está dentro de una plantilla, (por otro lado lo más habitual en caso de ser profesionales), deberá llevar un horario muy estricto teniendo que estar en la oficina de la escuela a las nueve. Desde entonces y hasta las cinco por lo menos dará clases a cualquier cliente que las solicite, la mayoría debutantes, y, dependiendo del trabajo, tendrá media, una o ninguna hora para comer. Después de una agotadora jornada con más de siete horas sobre los esquís, lo más probable es que deba acudir a otro lugar de trabajo ya sea una tienda, un restaurante, un bar, o todo a la vez (los hay que llegan a compaginarlo) y además lo hace los siete días de la semana. Con este trajín no debe extrañar que al profesor no le queden muchas ganas de salir a tomar copas con sus alumnos, y este y no otro es el plan habitual de cualquier profesor. Es lógico llevar este ritmo, dar clases de esquí es una actividad que no es para todo el año. Normalmente los valles o estaciones de esquí son muy activos en las fechas invernales. Sin embargo, fuera de esa temporada el trabajo es mucho más escaso, sin contar con el riesgo de que venga una mal año de nieve, entonces los ingresos se reducirán considerablemente.
Lo cierto es que dar clases es una profesión como otra cualquiera, quizá un poco más incierta y que, al menos en España, tiene que ser compaginada con otras actividades, no en vano una temporada de esquí viene a durar cinco meses como máximo. Por eso algunos prefieren llevar un intenso ritmo de trabajo esos meses para luego apenas trabajar. Otros, sin embargo, realizan en los meses cálidos diferentes actividades casi siempre relacionadas con el deporte, la aventura o el turismo.
El profesor
es en muchos casos vocacional, suele ser una persona deportista, por supuesto buen
esquiador, que le gusta trabajar en espacios abiertos y que le gusta comunicar y tratar
con la gente. Suele estar dado de alta como autónomo y, así, no cobra un sueldo fijo
sino que dependerá del número de horas que trabaje, de su categoría profesional, de la
demanda de clases y, sobretodo, de como salga la temporada, de hecho, pocas profesiones
están tan condicionados por la meteorología. En las buenas temporadas hay trabajo para
todos y en las estaciones españolas más importantes un profesor suele trabajar cerca de
seiscientas horas. Si este ya tiene más de tres años de experiencia, cobrará más de
tres mil quinientas pesetas por hora, es decir, casi dos millones y medio de pesetas a lo
largo de una temporada. Si el profesor no lleva más de dos años en la escuela, cobrará
unas dos mil quinientas pesetas por hora, es decir, algo menos de un millón y medio.
Estas cifras son teniendo en cuenta que la temporada es buena aunque pueden variar un poco
al alza o, sobretodo, a la baja dependiendo de la estación. Si la temporada fuera mala,
estos ingresos podrían reducirse a la mitad. En conclusión, para cuatro o cinco meses
está bien pagado pero al final no va a quedar más remedio que buscar otra fuente de
ingresos.
La temporada pasada esquiaron en nuestro país dos millones de personas, lo que puede considerarse un auténtico boom. Pero lo cierto es que España no es un sitio con gran tradición en este deporte, y a esta realidad se tienen que enfrentar los profesionales del esquí. En primer lugar porque hasta hace poco no hubo un reconocimiento oficial de la profesión y consecuentemente la proliferación de "pseudo profesionales" ha sido abundante. Esto ha hecho que también la apreciación por parte de los clientes no sea muy satisfactoria (tampoco el nivel de exigencia). En resumen, hay muchos profesores no siempre profesionales y no hay suficiente demanda de clases, todo lo cual hace más difícil la actividad. El esquí es un deporte muy técnico y buenos profesores son imprescindibles, pero ante todo lo que se necesita es que por fin esta sea una profesión seria y de ese modo que esté controlada y regulada oficialmente. En esta dirección se han enfocado los esfuerzos de las autoridades deportivas (Consejo Superior de Deportes) y autoridades administrativas y fruto de ello ha sido el, literalmente, "Real Decreto 319/2000 de 3 de Marzo por el que se establecen los títulos de Técnico Deportivo y Técnico Deportivo Superior en las especialidades de Deportes de Invierno". gracias a esta nueva ley, la profesión y la capacitación para ser profesor de esquí queda totalmente regulada. En ella se establecen tres niveles con sus respectivas enseñanzas mínimas y pruebas de capacitación que deberán superarse hasta obtener el título de Técnico Deportivo Superior en cualquiera de las tres especializaciones, Esquí Alpino, Esquí de Fondo y Snowboard. Los órganos competentes para conceder la capacitación son el gobierno a través del Ministerio de Educación y Cultura y, en caso de tener transferidas las competencias en materia de educación, las propias consejerías de educación de las autonomías. Sea quien sea, todos deberán ajustarse a los requisitos exigidos por la nueva Ley del Deporte. Por otra parte, los propios órganos competentes podrán autorizar a los centros que cumplan los requisitos para que formen a los Técnicos Deportivos de Esquí Alpino, Esquí de Fondo o Snowboard y, en este sentido, ya hay dos centros autorizados en España, uno dependiente de la Federación Española de Deportes de Invierno y otro por el órgano competente de la Comunidad de Aragón. Este último es el único centro que durante más de treinta años se había encargado de formar a los escasos profesionales en esta actividad, ahora compartirá esta actividad con otros centros que cumplan los requisitos aunque parece que no se crearán más de cuatro de ellos, de momento tienen tres años de plazo desde la fecha del Real Decreto.
En primer
lugar y en condiciones meteorológicas normales es obligatorio por ley
superar un examen de acceso que consiste en una prueba cronometrada de
Slalom Gigante (con la referencia de un competidor de alto nivel).
Dependiendo de la escuela, realizará otras dos bajadas libres puntuadas
con virajes de varios radios de giro y posiblemente tres bajadas técnicas,
una de cuña, otra de viraje fundamental y otra de paralelo elemental; muy
similar será el examen de snowboard. La prueba de fondo se realiza en un
circuito cronometrado. De lo que se trata con estas pruebas es que el
candidato demuestre tener suficiente nivel, tanto técnico como físico,
para asistir y cualificarse en los cursos posteriores. El coste de esta
prueba de dos o tres días es de unas 35.000 pesetas. Mayor categoría tendrá la siguiente etapa en la
cualificación del profesional, y ya último año, es decir, Técnico
Superior Deportivo de Esquí Alpino (o Fondo, o Snowboard). En éste, los
bloques deben ser los mismos, incluido el de Formación Práctica, aunque
la carga horaria será algo menor que en los dos niveles anteriores juntos
y, además, tiene un Proyecto Final obligatorio. Concluido este último
curso, aparte de haber obtenido conocimientos muy especializados, un
profesional ya estará capacitado para entrenar a un equipo de alta
competición en su especialidad.
En España, hasta esta temporada que ahora empieza ha habido
dos centros "autorizados", uno integrado en la Federación Española
de Deportes de Invierno y otro, (la AEEE), independiente aunque respaldado
por la Federación Aragonesa y por la Comunidad de Aragón. Este último,
es el único centro que durante más de treinta años se había encargado
de formar a los escasos profesionales de la enseñanza del esquí
existentes en España. Desde hacía unos años compartía esta actividad
con la nueva escuela impulsada por la Federación Española de Deportes de
Invierno.
Como
ya se dijo, en España es muy difícil ganarse la vida como profesor de
esquí a no ser que esto se compagine con otra actividad profesional. Por
ello, no es extraño que muchos profesores tarde o temprano se planteen
trabajar en países donde dicha actividad esté más profesionalizada. Fermín Gómez Wilkie
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